Empresas inteligentes para la economía digital

Construir una empresa inteligente se ha convertido en una de las prioridades de negocio más importantes para las compañías y a esto se suman los retos inherentes a la nueva economía digital. Sin embargo, la gran pregunta es: ¿cómo lograrlo y cuáles los aspectos determinantes para hacerlo?



Bajo la realidad actual, es inminente que todos los actores de los diferentes sectores e industrias se alineen en el camino hacia una transformación; desarrollo en las organizaciones, evolución de los gobiernos, así como de sus políticas, y un crecimiento sostenible de las economías, soportados en las herramientas tecnológicas que hoy existen y que día a día evolucionan dramáticamente.


El sector privado es uno de los protagonistas en este proceso y lidera la conversación en temas trascendentales como empleabilidad, impacto medio ambiental, productos y soluciones enfocadas en el cliente y la experiencia de usuario, uso de energías renovables, manejo de los millones de información que se producen a diario, entre otros.


Este último, denominado el petróleo del siglo XXI, se ha convertido en un factor diferenciador y determinante para las empresas inteligentes debido a que la información está dando paso a una nueva economía donde su rol es central y determinará el futuro de las mismas.  


Adicionalmente, vivimos en un mundo donde los recursos son limitados y surge la necesidad de que las compañías administren de manera ‘inteligente’, por medio de intercambio o producción, los escasos bienes para protegerlos y hacer un uso adecuado de estos.


Por otra parte, con la llegada de tecnologías como el internet de las cosas, servicios en la nube, big data, las aplicaciones móviles, inteligencia artificial o blockchain, la manera como las personas conviven con las marcas está cambiando de manera significativa y, por ende, la forma como las grandes industrias deben comportarse.


Esta nueva economía digital que toma forma gracias a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC’s), apela al empleo de la red como la plataforma mundial para la creación de riqueza, la distribución y consumo de bienes y servicios adecuadamente, con el fin de suplir las necesidades de las personas, bajo un modelo organizacional rentable.


Queda claro que las empresas no pueden estar ancladas al pasado y deben acoger las novedades que el mundo presenta para ser mucho más competitivas, para sobrevivir en un ecosistema inestable e incierto. Ir al ritmo de las dinámicas actuales, adaptarse fácilmente a los cambios y proponer ideas novedosas será el gran diferenciador y propulsor para las compañías del futuro.


Fuente: Artículo original publicado en https://www.dinero.com

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